81 años después de ese histórico 17 de octubre, seguimos conmemorando que se produjo en nuestro país una gesta histórica, que cambió para siempre la Argentina: le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos.
A partir de allí, hubo una revolución económica, política y social, pero también una revolución de las conciencias, de la cultura nacional y popular: desde el peronismo, en la Argentina quedó claro que nadie es más que nadie, que nadie agacha la cabeza, que nadie se arrodilla ante los poderosos.
Decía Perón que si nuestros adversarios se ponen en frente de nuestras banderas, se van a encontrar con un pueblo que lucha y resiste. La Argentina no puede recibir órdenes de otro país: no podemos tener en vez de presidente a un “che, pibe” de los mandados del presidente de los Estados Unidos.
Por eso hoy la lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna.
La obligación del peronismo es actualizar la doctrina y seguir con nuestros principios: nuestra obligación es estar a la altura de los tiempos y responder a los desafíos de esta época.
Tenemos un adversario poderoso, con recursos internacionales, que quiere instaurar en Argentina una vuelta a la dependencia absoluta. Ante eso vengo a recordar una de las 20 verdades del peronismo: el adversario está allá, es contra ellos. Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.
Lo dije el otro día y lo digo hoy: cuenten conmigo para poner el cuerpo, para recorrer el país y para asumir las responsabilidades que tocan en esta hora del país. Al peronismo no hay desafío que le quede grande. El peronismo va a volver a gobernar la Argentina el año que viene: nuestra tarea es construir una alternativa, representar a nuestro pueblo y recuperar la Argentina para los argentinos.